Ya en anteriores ocasiones, en esta especie de memorias amables o relato volcado al papel de muchas de mis pasadas vivencias, me he explayado al comentar de una u otra forma mi gran afición de siempre, "desde mi más tierna infancia", a la lectura, primero de cuentos infantiles, de tebeos, de lecturas de la escuela primaria, de relatos y novelas juveniles luego y a veces no tan juveniles, de "aventuras", de "vaqueros", de "amor", de "intriga", etc., hasta pasar a un cierto control ya en plena juventud en que por pura intuición procuré auto disciplinarme algo en tanta y tanta desordenada lectura intentando seleccionar, si no el volumen o cantidad, al menos la calidad, buscando acaso, más que el tema determinado en sí, a autores sí que determinados.Durante mis años de más malo que buen estudiante escolar leí mucho, sí, pero sin orden ni concierto, sin selección previa alguna. Primero, en los últimos años de nuestra accidental residencia en la aldea de Chaín y luego en las estancias familiares en Curtis y Ribeira, es decir, ya en plena adolescencia, por nuestros padres de alguna forma, sin por ello alterar los obligatorios períodos anuales de los estudios escolares se nos consintió que disfrutásemos de los clásicos cuentos infantiles de Perrault y Andersen y de tebeos de aventuras o humorísticos de la época cuales el "TBO", "Flechas y Pelayos", "Chicos" y al final "El guerrero del antifaz" y "Pulgarcito" nacionales y los que iban llegando a nuestras manos de "Tarzán", "Juan Centella", "Jorge y Fernando", "Merlín el mago", "El hombre enmascarado", "Carlos el intrépido", "Flash Gordon" "El Príncipe Valiente", el "TBO", etc. que coleccionábamos para intercambiarlos con los chicos de nuestras pandillas. Y, entre otras novelitas, "Las aventuras de Tom Sawyer" y unas cuantas de aquellas juveniles que le dejaban a nuestra hermana mayor Elena, de la escritora Elena Fortún, de la serie de Celia, Cuchifritin y sus primos, etc.Los libros escolares no eran entonces muy variados y en muchas ocasiones consistieron tan solo en algunos viejos tratados de Historia Sagrada, sencillas enciclopedias que abarcaban lo más elemental de Geografía e Historia, Geometría y Aritmética, que pasados algunos años se suplieron por las más novedosas por actualizadas de Bruño, Editorial Vives y de Dalmau Carles, alguna gruesa autodidáctica que llegó a servir para estudiar los primeros cursos de bachillerato, cuando lo del denominado Plan de estudios de Ibáñez Martín, etc. Y de Lecturas cuales "Espigas", el "Corazón" de Edmundo .........(leer más,click aquí)
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