
Castillo de Miravet
Hoy dos de mayo del año 2008 despierto con la intención de conquistar nuevos horizontes para regocijo de mi conocimiento de las tierras de la Ribera del Ebro. He elegido el pueblo de Miravet. Un lugar donde se descubrió la existencia, que en siglo II a.C. hubo un Iber. A partir de ahí, su arraigada historia en ser lugar belicoso por su estratégica situación no ha dejado de ser un lugar de puesto de mando para Musulmanes, Orden de los Templarios, Orden del Hospital, Reyes y finalmente fue un punto clave de la Batalla del Ebro de 1937.
Así pues, tomé mi cabalgadura, armas digitales de cazar instantáneas y algo de alimentos en previsión de evitar el agotamiento físico durante las caminatas, que requiere este tipo de salidas y me lance a la carretera.
Con el fin de disfrutar del fresco mañanero de las zonas ribereñas del río Ebro salgo cuando aún el sol no empieza a calentar, la brisa y el rocío que aún envuelve el ambiente de la noche anterior.
Árboles frutales, almendros, viñedos y olivos, daban al paisaje unos cambios al color básico verde, que los pinceles de un paisajista se revolucionarían para no perder el momento.
Después de una hora al trote, no había que galopar para poder ir disfrutando del paisaje, alcanzo mi destino, divisando al majestuoso castillo en lo alto de un cerro desde el cual se puede divisar como más tarde comprobé, la planura de los campos, montes y el mismo río Ebro que forma un precioso meandro a sus pies, dándole todo ello el señorío merecido a esta comarca.
Juan Boza


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